Hoy 28, 4 meses.
miércoles, 27 de abril de 2011
Sucede, cuando quiere.
No me explico cómo es que al escuchar algo uno puede llegar a soltar lágrimas. Lágrimas que en ese momento no tienen explicación, motivo o razón. Sin embargo, eso es sólo una creencia, algo superficial, ya que muy en el fondo, lo tiene. Es otra de esas pocas veces en las cuales me toca quebrarme al darme cuenta que es imposible tener a la defensiva la coraza de “persona fría” y que quiere estar en otro lado. Una vez más, tengo que resignarme a entender de una de las peores formas cómo es que funciona esta trama perfecta que es la vida misma. Podría llegar a explicarse cuando sucede en otras personas, pero cuando está en carne propia se hace hasta imposible poder llegar a describir esa rara mezcla de sensaciones que, se asemejan mucho a una yaga generada en anestesia y que, cuando ésta pasa, invade el repentino dolor.
Estoy sentada al lado de la puerta abierta del balcón, donde nuevamente soy sólo una más en la ciudad. Una persona más, un individuo más poblando tierra de nadie y transitada por todos. Entre tanto, suenan esas canciones que tocan lo más sensible de cada uno, que te hacen pensar y repensar en todos y cada uno de los segundos que pasaste en otro lado y no fuiste capaz de demostrar un afecto guardado para esas oportunidades; por imbécil. Estoy en una especie de amnesia constante que, por momentos, se desmorona como un castillo de naipes y deja vulnerable mi parte más frágil, más débil, más suave y más intocable… La más importante. Es la convivencia, el cambio de aire tan anhelado, como siempre digo; otro tipo de caras que rodean un ambiente desconocido y sin forma. Ideas de todos colores, clases, fisionomías, detalles y materias se entrecruzan, no sé si a propósito o no, con la intención más básica y general de todo organismo: protegerse a si mismo. No obstante, nada cambia. Yo no necesito eso en éste preciso segundo. Si, no sé bien qué es, pero no de algo estoy segura: NO ES ESO. Se me ocurrió, entonces, buscar distracciones para liquidar con sencillez y sutileza los minutos que se transformaron en siglos, para mi. Dibujar, asear el espacio, acomodar mis cosas, completar alguna que otra actividad de la facultad, escribir… Meros intentos medicinales contra ésta desesperación tan particular que, logra inquietarme con su característica principal: la quietud, más ahora que soy consciente que poco a poco, va duplicando su tamaño, sin permiso alguno. Es la típica revolución que se oculta detrás de los impunes momentos de los que me alimento acá, de las pocas risas que suelto y, quizás, uno que otro ratito de vibra positiva.
domingo, 24 de abril de 2011
Abstracción.
Quizás lo que inconscientemente estaba haciendo, era sólo para librarme de culpabilidad y responsabilidades mayores que no había podido manejar en otros momentos. Tal vez lo que (me) sucedía era sólo una sucesión de efectos negativos y adversos, resultantes de una mala maniobra accionada en alguno que otro momento de ansiedad, desesperación y bronca. Entonces, lo primero que tendía a hacer mi conciencia era tapar aquello con otras acciones, hechos, gestos, palabras, miradas que, con suerte, me calmaran la voz que no terminaba de gritarme nunca. En la profundidad de cada cosa que se me pasaba por la cabeza, estaba la firme intención de arreglar, reparar, socorrer algo que se había roto. Mi anatomía hablaba por su cuenta, al igual que mi mente y corazón.
Yo me sentía bien con su presencia al lado pero y, paralelo a eso, también estaba bien sin su presencia.
Es una costumbre ya adquirida, aceptada y hecho "propia" de éstos últimos días, el hecho de no poderte negar un no; el hecho de no (querer) poder sacar bandera blanca al corazón, eso que en otro momento me hubiese resultado tan fácil.
Estoy asustada y creo que eso es evidente... Puede leerse en cualquier entrada actual. Así y todo, con el miedo por ya instalado en cada rincón de mi cuerpo, yo sigo. Si, pongo primera y salgo. No escribo acá como antes, quizás no lo necesite, quizás si. Sin embargo, tengo mimetizada en la cabeza la idea de que no estoy siendo yo, bajo ningún punto.
miércoles, 20 de abril de 2011
domingo, 17 de abril de 2011
Entre fotos, música y alguna que otra frase, mi cabeza empezaba a entender, pasito a pasito, cómo funcionaban las cosas, sea por el momento solamente, o no. Me choqué muy de frente con una realidad tan distorcionada que asustaba mis nuevas "convicciones", y sobre todo, entendí que era una persona más grande en muchos aspectos, por ende, no podía estar pensando lo que hasta segundos anteriores. Fue como un CLICK que, agarrándome del mentón, me movió la cabeza en dirección al frente, obviando cada uno de los caminos de los costados; para que mirara con más precisión lo importante y nada más. Fue cuando entendí que no podía estar así, con tanta desazón, por sandeces e inseguridades.
miércoles, 13 de abril de 2011
martes, 12 de abril de 2011
Me era altamente tóxico dejar que todo quedara así, como si nada. Sin esa "preocupación" por buscar arreglar las cosas, para regalarle la oportunidad a la resignación. No me permitía a mi misma largar lo que yo había querido, valorado, cuidado y reparado, en parte; por algo sin mucho sentido. Posiblemente, era mejor; pero para mi, no. Lo quería y de verdad me importaba, entonces me la jugué.. Me jugué el corazón, quizás por última vez. Entonces, viendo cómo se desaparecía por la vereda, lo hice volver. Siempre supe que cuando hay que hablar de cosas serias, es mejor empezar por uno mismo. Pues, eso pasó. Con palabras lentas y un discurso casi estropeado por acción de unos nervios evidentemente malos, me saqué la mochila y le pasé la posta. No hablaba mucho, pero tendía a querer anestesiar cada oración, sin ser anestesista. Nos dijimos absolutamente todo lo que se había sentido, vivido, pensado, escuchado, leído, hecho y dicho en los pasados dos o tres días. Si, más allá de dejar ir lo que me estorbaba por dentro, yo también buscaba la oportunidad de mejorar las cosas porque sentía que era algo necesario y a eso, me guste o no, lo tengo que admitir. Volvía a poner más de mi lado que del suyo. Pero en ese momento, la única idea en mi cabeza era estar con él al lado un rato más, ya que no iba a verlo más. Entre tanto que hablamos, saltó como hoja traspapelada la pregunta del millón: "¿Volvemos?". Automáticamente se desprendió de mi cabeza un planteo algo absurdo y realista, a la vez. Algo que no me callé y se lo planteé a la perfección: Por un lado, tenía la chance de arriesgarme y terminar de jugármela. Estar con él, nuevamente, siendo consciente cómo son las cosas y que iba a meterme algo así como más de lo que ya estaba; y, por otro lado, liquidar las cosas en ése instante y dejar que el tiempo ponga sus efectos en mi, ayudándome a ignorar todo lo que estaba sintiendo. Para esos segundos, el corazón no latía, sino que galopaba como si estuviese en la situación más impensable del mundo. Mucho tardamos en darnos cuenta que le pifiamos en lo importante, en lo que de verdad cuenta. Es que, no siempre la introspección necesaria se da y, realmente, cuesta discernir un poco lo que pasa. Así habíamos estado esa tarde: Aprendiendo a decirnos las cosas en la cara y sin vueltas; mostrando quejas de uno u otro consumidor molesto; Prometiendo, por mi parte, que sin exagerar ésta era de verdad mi última jugada, mi última autorización para meter mi corazón al medio de una relación y, por ende, su última chance de cuidarlo y demostrarme que las cosas pueden estar mejor.
lunes, 11 de abril de 2011
sábado, 9 de abril de 2011
jueves, 7 de abril de 2011
Este es peor. Más que el anterior. Más que algunos otros, menos que otros. Me siento clausurada hasta en mi propio espacio, en mi propio terreno.
Siempre odié a esas personas exageradas, quejosas, insoportables de tanto romanticismo contemporáneo. Leía, escuchaba, miraba y hablaba con esas personas con esa idea en la cabeza. Esa idea de decirles "CÓRTENLA. SI TAN MAL ESTÁN". No pienso estar así, ni siquiera largar lágrimas cuando creo que es un sinsentido total. Pero, me es absolutamente inevitable e involuntario el sentir la red de pensamientos, sensaciones y emociones que tengo en la cabeza. Creo que, de alguna manera, hoy me siento una de esas personas que no puede encarar nada por el simple hecho de no entender, ni siquiera, la explicación de por qué se encuentra con una sensibilidad inexistente de su cuerpo. Porque, más allá de todo, soy una bomba contra reloj que, evidentemente, está esperando un impacto importante. No quiero hablar más, aunque realmente sea sólo eso lo que quiera.
miércoles, 6 de abril de 2011
Entonces, es cuando pensé que quizás éste no era el momento apropiado. Estaba, nuevamente, en destiempo. Sí, podría ser. Lo que no quería volver a pasar por nada del mundo era ese "duelo" típico de cada relación que termina o que está a punto. Lo sentía, lo presentía y, a decir verdad, lo venía venir lenta y rápidamente, en dualidad.
Quería decirle que tenía miedo... Miedo de que él jamás me amara en la forma que yo deseaba ser amada. Miedo que tal vez, él no tenia la capacidad de amar a nadie, excepto a sí mismo. Miedo a que llegado el momento, me rompería el corazón de nuevo. Pero lo engañé y sólo dije: “No me pasa nada”.
Carrie Bradshaw
No creo que el mar, algún día, pierda el sabor a sal.
Eran las 4, las 5 y finalmente, dieron las 6 de la mañana de un día que así, no comienza bien. Y es que de tanto pensar me olvidé hasta de dormir. No había manera de concebir una explicación que, realmente, me calme y me de tranquilidad por dentro. No encontraba la razón, motivo o excusa en que se apoyaba su ideología del "querer y ya". No, no la había. Me saqué mis zapatillas y me puse hasta las suyas para pensar un poquito más como él lo hace, pero fue una de las tantas cosas que hice.. en vano, por supuesto.
Lo que menos pretendía era cambiar a alguien, y juro por Dios y por lo que sea que por más ganas que haya tenido de que ocurriera aquello, esas no eran mis intenciones. A mi me basta con tener un apoyo, una base; donde puedan sostenerse aquellas pocas cosas lindas que hayan caído de su boca y se refieran a mi; me basta con tener la certeza de que, más allá de un "novio", tengo un amigo en quién puedo confiar muchas cosas que no hablaría con otros; me alcanza con un poquito más de RESPETO. Pero no, siempre fue mucho lo que pedí, parece. Si, yo puedo entender que uno sea como es, porque hasta yo misma me observo, escucho y reflexiono sobre cómo actúo, pero no puedo encontrarme, por lo menos en éste caso, lo que en el sí: egoísmo y orgullo. Y no es que esté diciendo ésto sin sentir nada porque claro está que no es así.. Duele, y mucho. Pues bien, no tiene otra forma de interpretación el darle más importancia a cualquier otra chuchería que a una persona que "de verdad, se la quiere"; el simple hecho de actuar innecesariamente en situaciones claves para demostrar que de verdad algo de interés en que todo esté bien busca, no está. Sinceramente y con toda la honestidad del mundo, estoy haciendo un esfuerzo de sobremanera por algo que, sé bien, mucho no va a tener sentido, como su accionar. Tampoco quiero quedar como "la buena", porque no creo serlo. También tengo mis cosas, mis días y mis reacciones. Sin embargo, necesito que sepa que sola no puedo. Que, si bien no necesito hacerlo, estoy evitándome a ser yo misma para que esté conforme y todo, con suerte, mejore. Que lo que a mi me toca genera la peor de las sensaciones: que están jugando con uno y que, realmente, yo ya no puedo ni quiero seguir así.
"Elegiste al peor", me dijo. Lamentablemente, yo no decido de quién enamorarme, ¿sabés? Si, ojalá yo te hiciese todos y cada uno de los garrones que me como y, como siempre, muda; para que veas y notes en carne propia qué se siente. Pero, no soy así y sé dejar un poquito de lado el orgullo y la razón del "yo, yo y yo". Seré la más complicada del mundo pero, para mi, las palabras son sólo eso... Palabras que van y vienen cuando quieren; si no se las ejecuta. Otra de las cosas que sentí por ahí fue un "Yo no voy a estar encima tuyo todo el día. Yo también tengo una vida y mis cosas". No quiero que estés arriba mio todo el tiempo, sino que sepas respetar y ayudarme a cuidar algo que los dos decidimos que exista, te recuerdo. Ahí, nuevamente, ingresaba el egoísmo. ¿Por qué yo sí que trataba de cambiar mi forma de ser, siendo menos fría de lo que era? ¿Con qué razón yo había cedido a su pedido y, no le repetía con constancia el hecho de que hable frecuentemente con una de las personas que había intentado arruinarlo (más de lo que ya estaba) todo, más de una vez? Así era yo. Prefería mil veces callarme y evitar su enojo por uno que otro momento lindo que pasábamos. Lo sé, otro error mio. Pero a veces, uno explota y duele. Aunque, es más una reacción de causa-efecto que termina así, con llanto y mucha decepción, tal vez.
Tenemos, por voluntad y elección de ambos, un pacto. Casualmente, un pacto es eso.. Un acuerdo mutuo que debería respetarse, sobre todo si se trata de uno que no necesita otra firma que el amor. Basado en lo que sea, si fuimos tan capaces y felices para y cuándo le dimos vida, ¿por qué ahora lo estamos embarrando?. Y lo reitero, no pretendo que cambie. Pretendo un poco más de cariño si es que de verdad le importa (aunque, si fuese en serio, ese cariño saldría por su cuenta y, no habría necesidad de pedirlo), pretendo algo de contención y coherencia, sobre todo.
Si yo escribo ésto acá, es porque no encuentro oportunidad, momento ni forma para hacerlo como correspondería pero, sobre todo porque ya no aguanto más esta incertidumbre de mierda que no cesa más.
lunes, 4 de abril de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
Yo había perdido la cabeza por esos segundos y, a fuerza bruta, había aceptado y absorbido la idea de ser una maniática controladora. Mi intención no era más que saber qué es lo que hacía, con quién estaba charlando, a dónde había ido, cuándo, cómo y demás. Pretendía que sólo tienda a decirme: "te necesito", "te amo", "te extraño mucho", "quiero estar con vos ahora"; todo el tiempo, para tener la seguridad de que realmente era así. Necesitaba que rompa esa coraza de corazón frío y, aunque muy poco, sea capaz de llamarme nuevamente si alguna vez le llegaba a cortar el teléfono. De alguna manera, tenía que tener control porque era yo quién ponía los límites y las fronteras para cada cosa. Y, ni pensar cuando invocaba sus incómodos silencios, en los que pensaba con claridad decirle "¿qué carajo estás haciendo que no me hablas?". Si, yo era insegura y muy desconfiada de mi y, conociendo su manera de ser, mucho más de él. No le salía lo romántico ni lo cursi como yo hubiese querido y, a decir verdad, no entendía qué había hecho de mi para que me encuentre en un estado tan enfermo como en el que estaba. En pocas palabras, mi búsqueda abarcaba cualquier cosa que pudiera hacer para abandonar el dominio de él sobre mi persona, aunque bien sabía que era casi en vano lo que hiciese. Entonces, me enfadaba más y más, a punto de no poder. Terminaba por activar una reacción explosiva de celos en la cual, cabeza, corazón y resto del cuerpo se disgustaban y actuaban en carácter de autonomía. Lo acepto, yo estaba enferma y necesitaba de él, quizás, para encontrar una cura rápida. Necesitaba que alimentara a mi cabeza con hechos y respuestas casi utópicas para sentirme bien. Era egoísta porque, a ese punto, ya me había cansado de ser la persona más comprensiva, buena y paciente frente a algunas situaciones. Yo quería saber todo, minuto a minuto; esperando escuchar, leer o ver una única acción, actitud o palabra para cerciorarme la fija idea que alguien había clavado en mis sesos.
sábado, 2 de abril de 2011
viernes, 1 de abril de 2011
Un buen juicio.
Y, parece que los Reyes cumplieron con su regalo. Sin embargo, mucha certeza o seguridad de que continúe así, no tienen. Entonces, evidenciando sus habilidades del juego se dignaron a apostar. Una parte ambos hombres y en la otra, un incierto destino; para ver quién resultaba más ventajoso y sobre todo, aireoso. ¿Ganador? No hay, no existe ni va a existir, porque unos minutos antes de estrechar la mano, cada parte reconoció la carencia de la otra para que todo esté en su lugar, ignorando las palabras sueltas que soltaron con anterioridad. Son unos imbéciles.
miércoles, 30 de marzo de 2011
lunes, 28 de marzo de 2011
Nous sommes pathétiques.
Nunca me gustó escribir mucho de política, sobre todo, de la nuestra. Sin embargo, hay veces en que uno tiene esa necesidad de saltar a pelear con la palabra por ALGO de bienestar en la sociedad que se vive. Quizás no tenga los mejores argumentos del mundo, quizás si. Lo único que sé es que hoy, yo siento verguenza por el gobierno instaurado éstos últimos años.
Tengo 18 años y, con suerte, éste sea mi primer año electoral; pues bien, me topo con una realidad con pocas opciones de salida a algo mejor. Algo que desde ya, es vergonzoso decir. No obstante, intenté (e intento, constamente) pensar un poquito más de lo que debería y hacer una "comparación" coherente y clara, sin exageraciones, con el ahora porque de alguna manera, eso me enseñaron en una que otra clase de política hace un año atrás. Se trata de comparar lo real con lo que podría llegar a ser: el futuro, con suerte, un poco mejor. En fin, idealizar un régimen ideal. Entonces, salgo a la calle y noto, teniendo en cuenta el lugar donde estoy, la degradación de lo que se hacía llamar SOCIEDAD, azotada por esos fantasmas sin fin de la inseguridad, la violencia y tantos otros males. Llego a observar, también, una nueva cultura que subestima al hombre en todas sus dimensiones pero que, casi imperceptiblemente, se va alimentando por esas legislaciones que favorecen con totalidad el hecho de no trabajar, de creer que uno es dueño de la vida de otra persona, independientemente que sea un accidente, o no; y dar la bienvenida a la firme idea de desaparecer a ese otro ser de La Tierra; de considerar tan correcta una idea distorsionada de que dos hombres (o mujeres) puedan contraer matrimonio sea "normal" para llegar al punto de dar la cara y sostener que es "un avance hacia el país moderno que quieren los argentinos". No dije nada, fueron sólo algunas de las cosas que pasaron por mi cabeza al mirar tan de frente la realidad. Camino, camino y sigo caminando por las calles, avistando desde ya que lejos está de la mano a unos cuantos par de chicos menores, una señora. Se me viene, de golpe y con brutalidad, la evidente razón de su situación: la asignación por hijo. Dejar lo que la dignifica por unos cuantos pesos que irán aumentando a medida que más hijos vayan sumándose a sus manos, sin limite alguno. ¿Y dónde están los jefes? ¿Dónde están los tutores a la hora de apañar las necesidades de quienes tienen a cargo? No todos los gobiernos son los mejores. No todos son los peores. Cada uno tiene su deficiencia y su beneficio a todos los sectores. Me propuse a escribir teniendo presente éste concepto de "pro y contra" que tan cierto es. Pero, no puedo dejar de mirar o esquivar las palabras exactas al modelo de éste tiempo: SÍMIL. Si, tapando con esa pantalla de democracia lo que muchos temen nombrar: una gran e insostenible demagogia de masas. Es un puñal, para mi por lo menos, tener que decir ésto. Capaz que por el hecho de haberme pensado estar en un lugar mejor, donde las normas son realmente justas, donde no se subestima ni se soborna a aquel ignorante que está tirado en la calle pidiendo una que otra lismona; donde se respeta el valor de la vida, más allá de todo. Inclusive, cualquier religión; donde cada uno asume sus desviaciones sexuales pero respetando a los que no las tienen; donde la libertad de expresión es lo que NUNCA falta, sino que sobra. Sin embargo, al parecer, yo y otros más nos dormimos en un ideal muy poco logrado, con la culpa de llenarnos con lo más superficial que una campaña política puede llegar a hacer para ganar elecciones, como regalar bolsones de mercadería por un voto, entre tantas otras opciones.
Están los que no cambian de parecer y siguen suministrando ese granito de arena para hacer creer a los señores funcionarios que están acertando en sus decisiones. También, los que bajan la cabeza y se resignan a tener que soportar una vida que podría ser mejor si tan sólo soltaran unas pocas palabras de justicia y realidad de sus bocas; y, finalmente, estoy yo, nosotros: los que estamos hartos de que la soberanía popular esté accionada incorrectamente y, hasta trastocada, por gente que todavía es capaz de aparecer en Cadena Nacional con la intención de brindar a todo un país espectante de mejoría, la frase más absurda e incoherente que escuché en toda mi vida: "Lo que hay es sensación de inseguridad". ¿Acaso no vemos todos los días, sacando los medios de comunicación, los hechos más bizarros que ya ni siquiera llegan a tocar nuestra sensibilidad? ¿No notamos que ésto se transformó en lo más normal y habitual del mundo? Si tan sólo pudiéramos ser un poquito más pensantes, nos daríamos cuenta a tiempo lo mal que la podemos pasar por, en parte, voluntad nuestra; al emitir ese voto que hoy apoya a la censura de medios opositores, a legislaciones por conveniencia política y/o favoritismos de clases, a la alianza con países cuyos modelos apoyan un nacional-comunismo que, seguramente, se pretende imitar; a una completa subestimación a aquellos que carecen un nivel de pensamiento medianamente preparado; al impulso y desarrollo de la tendencia a cobrar dinero correspondiente a aquel que realmente transpira una camisa, por el ocio y la vagancia; a crear más infraestructura y obras innecesarias con el fundamento de "ciudad moderna", para parchar los pozos resultantes de los errores cometidos y negados en cada uno de los discursos de la directora de un poder ejecutivo que deja mucho que desear.
domingo, 27 de marzo de 2011
Y al final de cuentas, uno idealiza de sobremanera, olvidándonos lo mal que nos la hicieron, lo que nos podría haber pasado, lo que nos dolió que no estuviera ese alguien ahí justo en ese instante. Entonces, nos tapa esa pantalla ilusoria de "persona buena" que creamos en la cabeza, resaltando sobre todo, lo más lindo, lo que nos atrae, lo que nos gusta, lo que deseamos del otro. Nos pega fuerte pensar, nuevamente, en lo feo. Pero la sensación de bronca, de pronto se fusiona, no sé si para bien o para mal, con una nueva invasión de Romanticismo contemporáneo que llega por la misma idealización de la psiquis personal. Llega un determinado momento en el que te preguntás a vos mismo "¿Qué es lo que siento?" y, lógicamente, aparece esa frase tan trillada del "no sé".
sábado, 26 de marzo de 2011
Entonces, ella entiende que él no es capaz de ignorar momentáneamente su propio orgullo por el bien y la salud de lo de ambos; que no sabe reaccionar como uno puede llegar a predecir, en algunas situaciones; que se resigna a un "me da igual" por miedo o, quizás, porque sea esa su personalidad y ya. Él, que nunca entendería (tendría) la capacidad de notar, de ver y no tan sólo observar un poco las cosas; no era, entonces, capaz de ocupar ni la mitad del cargo de armador (que le correspondía) en aquella relación. Y ahora, todo es un caos que, imperceptible o no, está presente todo el tiempo.
A veces, me da la sensación que es sólo eso.. Sólo algo "carnal": un beso, un abrazo. Sin intenciones de herir, lastimar, ser peyorativa o despreciar (cosa que no me gustaría, no me corresponde ni quiero hacer), las cosas se deterioran por inmadurez. Si, esa inmadurez que alguna vez ella pensó que había superado, que había dejado atrás. Sin embargo, tal vez había sido así: lo había logrado. Pero, cuando uno se topa con situaciones de éste tipo, mucho se viene abajo... Hasta los mejores aprendizajes. El concepto de "pareja" que uno generalmente tiene es aquel que habla de crecer y madurar juntos, compartir, sentirse pleno con el otro, confiando desde lo más lindo hasta lo peor que pueda pasar; querer, valorar y respetar; ser de una sola persona y nada más. Bien, yo creo que para ella, eso terminó por romper con sus esquemas. Cada vez que lo pensaba, que lo replanteaba, que lo transformaba a su favor, todo empeoraba y mucho seguía por derrumbarse, como una pila de naipes. Lo que más le era tedioso, más allá de todo, era el simple hecho de imaginar, de usar una creatividad mala involuntaria y independiente a lo que ella de verdad deseaba. Suele suceder que, por ahí, la cabeza no recibe lo correcto, lo que "debe hacer" y termina accionando lo que "quiere hacer". Es, algo así como un acto fallido. Y, últimamente, se había estado manejando de éste modo y, para ser muy honesta consigo misma y con el que pueda llegar a leer ésto, era un intento desesperado por quitar la ansiedad y saciarse las ganas de estar bien con él.
martes, 22 de marzo de 2011
Raciocinio.
Todo iba viento en popa, se diría más tarde. Sin embargo, las cosas no siempre son perfectas, sino que se embarran con gran facilidad y, por ende, pasan a ser las manzanas podridas que pudren a las demás. Y, así fue. Llamadas en vano, mensajes de texto con otro tipo de decoficación que termina en una obligación, y no es algo exagerado; visitas por visitar, sin casi una mínima importancia real. Sino, más bien, una de cortesía. Juro por lo que más quiero en el mundo que lo que menos tengo son intenciones de iniciar una secuencia de bombardeos a su persona, lo juro. Pero, ahí estaba yo, controlandome para no dejar ir en gritos ese nudo brutalmente atado en mi garganta; esperando que ese momento llegue y sacar lo real, lo que soy de verdad. Nunca, hasta donde recuerdo, sentí una sensación tan parecida a esa. Era un constante impulso natural por golpear paredes, golpearlo a él mismo, hacer volar lo que sea que haya tenido encima o, definitivamente, irme. El silencio que creaba abismos entre nosotros, me presionaba de la peor manera, apoyando del todo mis pensamientos frente a tal situación y complicándome más. En definitiva, muy dentro mio, estaba segura que no lo haría, por más ganas que tuviese. Entonces, me quedé muda y solté lo que debía soltar en su momento. Honestamente, no sé. Uno sabe que lo que está diciendole al otro es racional y lógico, con toda la razón del mundo (si es que termina de decirlo, no como yo). No obstante, nunca va a dejar de existir la negación.. La bendita y maldita negación. Justamente, éste era uno de los motivos por los cuales me rehusaba a lo que hoy creé. Pero eso no tiene importancia ya. ¿Cómo iba a decirle que estaba desesperada porque me demuestre con acciones físicas lo que sentía, y no sólo con ese simple palabrerío? ¿Cómo iba a decirle que las cosas no habían estado bien desde que volví si, lo único que se me cruzaba por la cabeza había sido darle un beso o un abrazo? Me era imposible. Las palabras que torpemente emitía no eran del todo verídicas ni creibles y, por lo tanto, mi actitud tampoco. Al término de cada cosa que, en zig zag, nos decíamos; me corría por el cuerpo algo así como una "adrenalina" (por no tener una palabra adecuada) de no querer ésto, de irme y olvidarme de todo, de ser una sorda y no tener la capacidad para escuchar todo lo que venía, de esquivar con toda la intención la siguiente frase o palabra, es decir, de parar. Ahora bien, desde que acabó ese silencioso debate de pensamientos del uno y/o del otro, no ceso de buscar ese algo que me quite el pudor y me de una actitud más pertinente para momentos así. Y si, los sentimientos no se van y, creo yo, hasta dentro de mucho los voy a tener como un imán. Pero, qué más da. Las cosas, generalmente, nunca son lo que aparentan y, es algo que no me voy a cansar de repetirlo y, paulatinamente, de afirmarlo. En mi caso, compré el mejor de todos los peores. Si, pero no de manera despectiva ni peyorativa. Nada de eso. Querer cambiar a alguien es algo que me prohíbo por mas intenciones que tenga porque no corresponde. Pero, ¿Para qué estar con alguien si vas a estar mal? Todo cambia, escuché por ahí. Sinceramente, no sé si será así en algunas situaciones, pero en otras tengo la seguridad de que el amor, las emociones y/o los sentimientos, si lo hacen. Y, de la misma forma que alguien puede enamorarte, puede sin duda alguna, quitar lo mejor que te dió por nuevas acciones y actitudes mucho menos positivas para la relación en sí. Yo no pretendo que las cosas se terminen porque, realmente, no lo merece ni la relación ni yo. Pero pasa a ser una necesidad necesaria para uno el hecho de que la otra persona muestre interés. Y, quizás lo hace en la medida que puede, quizás no; a veces llega a uno, otras no. Bien, a mi me urge una señal, me urge mucho que me llegue porque así, yo ya no puedo. Tampoco voy a santificarme: sé que no soy una persona fácil ni dócil para negociar, lo sé. Sé que tengo más defectos que virtudes y, que entre tantas, los celos resaltan. Pero, "si vos estás conmigo es porque, sabiendo eso y todo lo demás, me aceptas; más allá que sea ocasional o duradero". Que no se malentienda: yo te acepté y sé cómo son las cosas. ¿cambiar? No, yo te conocí así y estoy con vos porque sos de ese modo. Pero, ¿Es mucho pedir, quizás, algo de interés en las acciones y no sólo en las palabras?.
lunes, 21 de marzo de 2011
sábado, 19 de marzo de 2011
Inerte al movimiento.
"Sigamos cambiando, sigamos creciendo", me dijeron ayer. ¿Qué loco no? Me puse a pensar y repensar, como siempre y quizás algo más, para toparme con una realidad que, generalmente o casi siempre, pasa desapercibida a nuestros ojos o forma de pensar. Lo cierto es que, tal como me dijo esa persona, así estoy y me ví. Gustos novedosos, géneros de música muy diferentes, "open mind", otra capacidad de racionalizar y entender, particular forma de accionar y/o tomarme las cosas, aunque con una marcada línea de lo clásico, lo de siempre. Me asusto, me calmo y lo acepto, vuelvo a asustarme (por no decir "sorprenderme") y... ¿Mucho quedó afuera?. Igualmente, no sé si conforme, pero estoy relativamente bien y calmada, sintiendo cómo y de qué manera una tempestad tranquila me pasa por encima y yo sin hacer absolutamente nada, con una quietud que incomoda.
viernes, 18 de marzo de 2011
- Aprendí que los amores eternos pueden terminar en una noche, que grandes amigos pueden volverse grandes desconocidos. Que nunca conocemos a una persona de verdad, que todavía no inventaron nada mejor que el abrazo de mamá, que el "NUNCA MÁS" nunca se cumple y que el "PARA SIEMPRE", siempre termina. -
jueves, 17 de marzo de 2011
"Te amo(s)" que iban y volvían, juntos a una pila de "te extraño(s)". Sentía que no era suficiente pero, tampoco era poco. No decía, en casos como éstos, con frencuencia palabras de este tipo, mucho menos cuando se trataba de una pantalla ilusoria o al menos, esa sensación tenía. Exacto, no estaba convencida del todo, pero necesitaba volver a sentir algo. Entonces, se la jugó. Tiró una vez más los dados con la firme intención de que, aunque sea ésta vez, la suerte esté a su favor. Después de todo, ¿quién no hace lo que sea por estar bien?- Sostenía con actitud. No tenía una mínima importancia el tiempo que llevase, pero creía tener la seguridad de estar preparada para algo más. En fin, se dio. Quizás por suerte, por casualidad (sin creer en ella), por destino o, simplemente, resultado de una simple lógica causa-efecto que ella había creado inconscientemente. Feliz estaba en un principio, chocha. Pero, el ser humano es un sistema complejo instalado dentro de un entramado perfecto y, como suele suceder a veces, surgen cosas que ni la palabra puede explicar. Se trata del debate más maravilloso del mundo: El de uno mismo. Era un dualismo de bienestar simultaneo a la incomodidad. Si, así es señores: ella no sabe qué es lo que sucede y, así está, sin ser capaz de pilotear, manejar o como le digan; algo que mira como incomprensible. Momentos son momentos, pero esto es lo que está pasando interiormente en ella, ya.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Son las 2 de la mañana con unos cuantos minutos pasados. Es relativamente temprano todavía y ella acompaña a esta noche "en pañales". Está sentada, tranquilamente, con auriculares que la borran automáticamente del mundo real y la trasladan a uno paralelo pero, muy diferente del primero. Suenan canciones del recital Unplugged de Shakira y, lo primero que le ocurre es la rara sensación de estar sentada en uno de los bancos de ese estudio, gran espectadora de la cantante, disfrutando el momento. Bien, evidentemente no está fisicamente ahí, pero la sensación es increíblemente real. Supone, entonces, que va a ser una noche reflexiva y de paz. Su ánimo es tolerable, pero podría estar mejor. Sin embargo, la pasa bien. De pronto, se le ocurre escribir... Describir su momento en tercera persona, mirándose fíjamente desde una perspectiva distinta y un tanto más elevada a la de siempre. Si, es capaz de notar que está bien, pero que podría estar mucho mejor.
martes, 15 de marzo de 2011
Puntos que suspenden.
Me desperté, como una que otra vez, con un pensamiento anclado en la cabeza: VOS. No quería meterme, no quería "enamorarme", no quería volver a sentir esas cosas que uno tiende a sentir cuando está completamente bien con otra persona, no quería volver a ser responsable de otras irresponsabilidades que posiblemente se dieran, no quería lastimar ni lastimarme, no quería verle la cara, nuevamente, a mi enemigo más grande: el miedo; sin embargo, acá estoy, echándote de menos como la mejor y con una desesperación que me corre todo el cuerpo por verte o, aunque sea, por escucharte unos cuantos minutos. Si, desesperada. Bajé unos cuantos kilos por pensar que podría llegar a engañar mis pensamientos con otras cosas, otras actividades; pero, evidentemente, lo autoimpedí porque no era saludable ya. Pasé de tenerte todos los días a "ausentarte" casi todo el tiempo. No me conocés bien, pero tenés conciencia del grado en que los celos me crean películas y yo las compro, como una chiquita que va a ver un estreno nuevo de cartelera. Se me van los brazos por querer abrazarte cada vez que te imagino. Me asusto más y más, a medida que pasan los minutos, las horas, los días; porque, casualmente, nunca tuve ansiedad más grande, desde hace bastante, de estar con alguien. No serás el mejor consejero y contenedor, no te gusta lo cursi como a mi; a veces, exageras como yo o peor, te guias un poco más que mucho por tus amigos, haces cosas que a mi me incomodan y lo sabés pero, así y todo, hoy te necesito al lado mio. Un mes, "no es nada" hubiese dicho entonces, pero ves... ES ALGO. Y si bien no quise estar ni sentirme así, ya "estoy en el baile", ¿por qué no bailar?. Parecerá estúpido, excesivo, mucho, exagerado y más que trillado lo que escribo, pero hoy era necesario ponerlo así como está.
domingo, 13 de marzo de 2011
El día comenzó ventoso y frío. Sin embargo, está frío desde hace un par de semanas, para mi. No me tomo las cosas muy a pecho, si es que no lo requieren aunque, por momentos, esas simples cosas vienen por su cuenta y tienen el atrevimiento de golpeármelo para que sean requeridas. Intento frenar, limitar, poner los puntos, controlar, pilotear, manejar; pero, a veces, no obtengo buenos resultados. Es un 13 de Marzo que sólo me inspira a dormir y no pensar; a tener hasta el teléfono celular apagado para no escuchar a nadie, ni siquiera a la persona con que, realmente, tengo ganas de hablar y decirle que lo necesito; a cerrar los ojos e imaginar cosas buenas o que, por lo menos, sean a mi criterio, un poquito mejor de lo que se vive; a apagar la luz y fusionarme con la oscuridad. Evidentemente, hoy sigo el criterio o la intención que tiene, realmente, el verdadero domingo: Apagarme. ¿Cómo estoy? Creo que se nota. No sé si tengo ganas de escribirlo, pero creo es algo así como una "inconfundible confusión" que, justamente, me confunde y me retrae a funcionar como corresponde. I hate this sunday.
viernes, 11 de marzo de 2011
This morning.
- Siempre pensé y pienso que, si fuera por mi, andaría todo el tiempo con un papel y un lápiz encima para escribir en cualquier momento. Hace un rato, llegué de correr. ¡Qué impresionante sensación de bienestar! Mientras caminaba por el asfalto vacío de las 8 de la mañana, tenía una congestión de pensamientos de todo tiempo: buenos, malos, tristes, alegres, de rencor, de bronca. Sobre todo, de los últimos. Cuanto más me acordaba, más rápido y con más fuerza corría. Lloraba, transpiraba y sentía el ruido de mis zapatillas en el pavimento. Sinceramente, yo no sé qué tiene eso de especial, pero puedo asegurar que, en éstos momentos, estoy "de diez". Es increíble cómo una mañana, con una actividad insignificante y casi imperceptible a la hora de hablar de "deportes"; puede hacer que te sientas mejor, puede calmarte y lograr que pienses en frío.
Extrañaba, mucho. No tenía una mínima idea de cómo era irme, estar un tiempo lejos y volver para observar con cautela la calidad de vida sin vos que llevan los de aquel pueblo. (Jaja) De más está decir que me llevé una gran decepción. Si, o por lo menos, así lo estuve sintiendo hasta ahora. La persona que más echaba de menos es la misma que está logrando que ceda, que me vaya. Ojo, no se malentienda, no es por miedo ni por algún (inexistente) "respeto"; sino por sus actitudes y por la intolerancia que tengo ya. ES INSOPORTABLE, en pocas palabras. Pero bueno, son cosas que pasan. Me desvié un poco del tema: caminar. Liberar tensiones, descargarse, hacer catarsis de una forma tan pero tan saludable; es lo mejor que puede existir, lo mejor del mundo. -
miércoles, 9 de marzo de 2011
domingo, 6 de marzo de 2011
Tengo la incertidumbre de no saber si ésto es correcto, si dejar fluir, si soltarme y que sea lo que Dios tenga planeado que sea, si liquidar ese miedo de terminar mal, o no. Al lado, paralelo a ésto, yo lo extraño. Si, soy yo la que habla. La piba que no quería volver a tener nada importante, por lo menos ahora; la que juraba y re juraba que no iba a meterse de verdad en otra historia de esas, de novelas de ficción que sólo pasan, justamente, en la ficción y nada más. Sin embargo, acá estoy, sentada y escribiendo. Dando luz verde a la afirmación "me estoy enamorando de nuevo", que alguna vez publiqué en éste blog o, simplemente, se me cruzó por la cabeza. No tengo una idea como la gente, pero creo poseer la seguridad (todavía) de que necesito mucho esos abrazos sin fin, esos besos suavecitos y tan nuestros como esas peleas y susurros al oído; para estar, relativamente, bien.
sábado, 5 de marzo de 2011
Hace rato leía el blog de una chica un par de años menor que yo. Entre línea y línea, me topé con un razonamiento generado por un mismo denominador en cada uno de los textos publicados: yo pasé por eso. Sin embargo, cada palabra que leía me daba una sensación de superación, por unos segundos, de eso que me había atacado a mi también y ya se había convertido en una "extensión" innata de mi persona. ¿Será posible que, de manera involuntaria e inconsciente yo haya resuelto aquellos asuntos pendientes que, en su momento, no eran más que simples callejones sin salida alguna? o, ¿tal vez sólo una más de las tradicionales cosas que suelen sucederme?... Cultivar incertidumbre es uno de los gajes del oficio.
viernes, 4 de marzo de 2011
Qué lindo es respirar la dulce sensación de olor a "San Pedro", nuevamente y sobre todo, después de haber vivido lo que viví. Qué lindo es volver a mi lugar, mi espacio, mi terreno, a lo que me pertenece y, claramente, le pertenezco... Aquí. Sin embargo, yo tengo presente que muchas cosas han transcurrido desde la última vez que estuve tecleando todas y cada una de las letras de éste teclado amarillento. Por eso, corre por dentro mio, como un imparable impulso de mejoría, las complicadas e inexplicables ganas de contarles un poco cómo y de qué forma he pasado éstos días que, finalmente, se hicieron eternos. Pero, para eso, voy a citar algunas cosas que escribí en otros contextos que no son, precisamente, internet ni éste blog. Al no pensarme una persona que tiende a crear "aburrimiento" en los demás, aunque sí un sólo un poco de monotonía, voy a transcribir lo último que escribí en Tucumán y, de paso, se enteran un poco de las cuestiones de una aparente estadía en cautiverio, sin la necesidad de tomarse tan literal la cuestión. Acá les va.
"Estoy agotada de ésto. Me duele la cabeza y siento la terrible intolerancia de algo que no puede contenerse más, de algo que va a estallar en cualquier momento. Sinceramente, ya no tengo más idea de qué es lo que voy a hacer. Estoy desesperada por salir corriendo, por OTRA rutina, por reconocer caras conocidas aunque sea en una esquina sin nombre alguno o, mínimamente, de hacer algo distinto cada día. La radio suena y suena todos los días, sin cesar. Ya ni la música que antes me hubiese contenido y consolado internamente logra hacerlo. Acaba de sonar el celular, acto seguido, se abre un mensaje de texto con la palabra "fuerza" y yo, sin saber qué hacer todavía. ¿Por qué retraso mi vuelta si tengo la posibilidad de volver? ¿Por qué carajo me pasa ésto que, ni siquiera en los peores momentos, me pasó? No entiendo el sentido de la línea esta, aunque a la vez, sea consciente (y mucho) de cómo es la cosa. De cualquier manera, aquí estoy, procurando encontrar ese "ratito de fuga" que alguna vez alquien me enseñó, o quizás trató que aprenda, para situaciones o minutos como éstos, nostálgicos, límites, golpeadores. "Todo sea por un futuro mejor", leí por ahí. No niego que tenga razón, porque quizás y con toda seguridad, la tenga. Sin embargo, es inevitable ésto. Si, inevitable, ni palabra más, ni palabra menos. No sé si sería mejor o peor estar más sola de lo que realmente estoy, ya que de cualquier manera, lo estoy todo el tiempo. Tal vez, una persona es apoyo. Dos, un pilar más duro y menos flexible; pero, muchas veces (como ahora), ni el mejor de los apoyos puede corresponderte o "servirte", por así decirlo, como vos lo necesitas, lo requerís.
Hacía bastante que no tocaba un cuaderno, la computadora, ni una mísera servilleta descartable. Capaz que es eso, capaz que no. La cuestión es que hoy me acerqué mucho a lo que se dice o algunos llaman "desesperación". Si, y todavía ni se acerca a la mitad de todo. Las manos se me van, las palabras me fluyen en la cabeza como diccionario irregular, que no termina de ordenar alfabéticamente cada letra y ya va soltando las palabras que tengo que escribir acá. No es obligación, no es "desahogo" ni "ganas de sentirme mejor", aunque no estuviése demás algo así; es, sencillamente, el impulso humano de sobrevivir (¿o supervivir?). Y, algo de eso tiene: es una supervivencia constante la que llevo aquí desde hace un par de semanas. Siento que cada vez conozco mejor ésto, pero estoy empezando a sentir vergüenza por las otras veces que dije lo mismo, sin tener la mínima idea de lo que ésto conllevaba y, sobre todo, sin entender que no (son) eran "vacaciones" por unos cuantos días más. Lo repito, oigo lo que repito, lo vuelvo a repetir, miro a mi alrededor y no termino de comprender cómo es posible que ésto sea una NUEVA VIDA para mi. Puede ser que nunca haya entendido bien el mensaje, como puede que no (aunque, me parece, es lo menos acertado). No obstante, así estoy hoy. Con todas las ganas del mundo de salir corriendo y tomarme el primer micro a ese pueblito basura, que sea lo que sea, es mi casa y lo que más añoro en el mundo. Ya no se trata de imaginar viajes a otros países del mundo u otras provincias; mucho menos de estar pensando en qué quiero ser y demás. Lo único que quiero, deseo y espero es ver a los míos. Estar tranquila, sin ningún problema (excepto aquellos que nunca se van a ir y que, por ende, siempre están), haciendo algo con alguna persona de confianza. Nada de cuadras largas, de anchas calles pavimentadas, de gente que te choca por doquier, de grandes edificios que marean a cualquiera, de caras absoluta y remotamente desconocidas, de un mismo circuito por recorrer, de las mismas cosas para hacer...¡BASTA de eso! Aquí nada es lo mismo. No encaja un "me da igual", no se da un "igual, te veo más tarde", no aparece un "permiso - gracias" por inercia o, simplemente, por cortesía. Todos viven su ritmo y los demás, que Dios se apiade de ellos. Acá uno es, sencillamente, uno más. Nunca se encuentra, ni por casualidad, un "éh, yo te conozco" ni un "Hola Ganzita, ¿cómo te va?". No busco seguir imponiéndome excusas, razones o motivos de por qué me pasa lo que me pasa ahora; no intento ya ilusionarme y persuadirme con gran facilidad de que todo ésto se me va a pasar unos segundos después de haber escrito éstas líneas en una catarsis sin fin. Solamente, quiero ser lo más sincera y abierta que puedo ser, decir lo que verdaderamente pienso, siento y me pasa, como sea y de la forma que sea. ¿Llorar? Siempre pensé que reprimir lágrimas es un signo de estupidez humana y, claramente, por el contrario, llorar es ser valiente. Entonces, ¿por qué carajo me duele y cuesta tanto dejar soltar éstas lágrimas? Okey, quizás es por eso. Por el hecho mismo de que son las primeras que se escapan después de tanta represión personal en todo éste tiempo transcurrido ya y, como suele suceder, lo primero de todo es lo más difícil o complicado de explicar o, mejor dicho, de buscar una explicación y, a su vez, una nueva excusa perfecta que logre hacerme sentir un poquito más fuerte de lo que, realmente, llego a ser (si es que lo soy, en algún punto). El punto es que puede ser (y también creo que ES) que haya algo más. Algo más que me tenga indiscutiblemente apática, tirando a un poco triste. ¿Qué necesidad hay de negar que quiero estar allá, en su cumpleaños, pasándola de lo mejor con toda la familia en otro de esos días tradicionales en que compran tanta comida que siempre sobra para el día que sigue? Bien, ninguna. Eso es exactamente lo que también sucede: el estar ausente en un día importante, por lo menos para mi. Mirar el reloj digital del teléfono celular cada dos minutos y notar que el tiempo, últimamente, corre lo más lento que puede es otro de esos tantos "tics" que, éstos días sobre todo, estuve generando casi de manera inconsciente.
Yo puedo ser la mejor o la peor persona del mundo, puedo ser la persona más fría como la más cálida y cariñosa, puedo llegar a transformarme en "la maldad personificada" o, contrariamente, ser un "ángel caído del cielo". Puedo estar tranquila y, a los dos segundos, ser la persona más histérica e insoportable que la gente haya conocido. Cortante o amable, idiota o de buen humor, enojada o triste y, ganándole a la velocidad de la luz, estar feliz o alegre. Bien, ahora sólo se trata de transportar todo eso aquí: es una constante y frecuente pelea de cambios de estado o humor a corto plazo que, se modifica con el mínimo, insignificante e imperceptible suceso. Por ahí, nadie pueda entender ésto que me ocurre, capaz que no hay tal explicación que me llene y me satisfaga para saber cómo voy a encontrarme en los últimos cinco minutos; o bien, esté ahí y se trate de un razonamiento completamente psicológico que, apenas me cuenten cómo funciona, lo retenga por un corto lapso de tiempo y luego se me olvide. Con toda la sinceridad del mundo, no lo sé. Pero acá estoy, sentada en la cama con una computadora al frente, que sigue el ritmo de cada uno de mis dedos tecleando sin parar, al mando de una mente que anda, prácticamente, suelta, sin un seguro de vida, sin un seguro de un estado sano y correcto. Me importa, básicamente, muy poco si ésto es algo coherente o no, si es corto o largo, si es entendible o cada palabra está en las nubes. Mañana, quizás, salga a correr, a caminar, liberar un poco las tensiones que tengo que, aunque no parezca, están más que instaladas y cómodas en mi cabeza y cuerpo. Lo noto, lo siento de una manera tal que me es, abusamente, complicado escribir o, en otro medio, hacer entender a alguien. Siguen saltando frases de mis sesos filosóficos como si fuera que nunca pudiese terminar ésto, cosa que tampoco quiero. "vos elegiste ésto", "odio no poder hacer por vaga, lo que quiero", "necesito otra cosa", "es como estar presa de tanta libertad" y algunas otras cosas irrelevantes a éste texto. Aunque de eso se trata, me parece. De cosas irrelevantes que al poco tiempo se vuelven lo más acertado y cierto de lo que (me) sucede. Pasan a ser totalmente relevantes. Igualmente, la frase describe exactamente lo que significa estar acá. Esa libertad que, por ahí, antes no existía o nunca era puesta en práctica, de golpe, pasó a tener un papel protagónico en esta nueva parte porque aquí es completamente lo contrario a lo anterior. Es un ir y venir constante y, hasta ahora, sin sentido alguno, con toda la libertad del mundo. Sin un "¿A dónde vas?", "¿Qué estás haciendo?", "¿Necesitas que me cruce así estoy con vos hasta que vuelva tu mamá?"... Y, si. Otra vez algo de agua salada, generada por mi, en los ojos. Porque hasta los detalles más estúpidos que alguien podía llegar a tener conmigo dejé pasar. Porque hoy, más que nunca, extraño de la manera más inesperada a aquellos que siempre me hicieron saber que buscaban un ratito con mi presencia al lado. Pero, ya no hay tiempo para arrepentirse. ¿Qué más da? Ya nada cambia, ya no es necesario ese "crucencé a comer que es tarde", es imposible que con sólo pensarlos, recorran más de doscientos kilómetros y me den ya el abrazo de oso, que tanta falta me hace desde que empecé a echar de menos todo aquello. Es posible que, al "terminar" ésto, me cepille los dientes con cada uno de los productos dados por la dentista, me ponga el pijama y me acueste. Entre acomodo, vuelta para un lado y vuelta para el otro, se me haga imposible controlar la salida de más y más lágrimas traviesas, que representan el inmenso y, raramente, extraño vació que se está desarrollando dentro mio. Voy a llorar cinco, diez, quince, veinte minutos y, con suerte, logre dormirme sin ponerme a crear pensamientos de más que terminen por arrebatarme la poca fuerza que me queda para aguantar todo lo que se viene que, por cierto, no es nada diminuto, pequeño o menos complicado que ésto; sino, paradójicamente, todo lo contrario."
viernes, 11 de febrero de 2011
Tengo, no sé si desgraciada o agraciadamente, una manera tan particular de sentir y percibir esas sensaciones y cosas más ínfimas que, casi todo el tiempo, me asustan y sorprenden. Hoy, no es la excepción. Sin embargo, me dí cuenta que de la forma más rara, todo se termina aclarando para que podamos ver mejor las cosas y pensarlas un poquito más en frío de lo que diariamente lo haríamos. Una vez me creé una escala de sensaciones, emociones y pensamientos, algo que sigo manteniendo con vida muy dentro mio; para usarla en cada situación que me tocase vivir. Hasta ahora subsiste a cada cosa que siento y, gracias a ella, ahora entiendo mejor lo que vivo. Pero, ese no es el punto, sino el que, por medio de ésta dichosa barrita con diferentes niveles, observé que, sea como sea y con quién sea, el amor siempre comienza desde lo alto, desde el nivel superior, una gran diferencia con las demás cosas. En fin, está en lo más alto que puede y, a medida que las personas se van conociendo, van viviendo más cosas juntas, tienen más confianza que al principio y, por ende, se quieren mucho más; ese medidor va, imperceptiblemente, bajando. Nunca entendí bien de dónde y cómo se me ocurrió (ocurre) pensar cosas de éste tipo, pero la verdad es que, tengo razón. Yo creo en las paradojas, en los "si, pero no" y hasta en las dualidades. Por eso, siento que este "fenómeno" es uno de ellos. ¿Cómo es posible que, cuanto más queres y añoras a una persona, más bajan esos valores de la altura superior?. Otro misterio sin explicación coherente de parte de mi capacidad racional.
jueves, 10 de febrero de 2011
- ¿Por qué sos tan lindo?.
- Jajaja. Si la linda sos vos, la que me vuelve loco! La que hace que no deje de pensar ni un segundo en vos! La que me roba miles de sonrisas, sos vos nomas miamor. Por eso siempre te digo que sos la única, por más que penses que acá estoy con putas o lo que sea.
- Jajaja. Si la linda sos vos, la que me vuelve loco! La que hace que no deje de pensar ni un segundo en vos! La que me roba miles de sonrisas, sos vos nomas miamor. Por eso siempre te digo que sos la única, por más que penses que acá estoy con putas o lo que sea.
¿Vos te diste cuenta o llegaste a notar que, cada día, con cosas que casi siempre son pasadas por alto, yo estoy siendo feliz?.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Yo estoy para vos.
Hay cosas que pasan porque tienen que pasar, para que todo esté mejor, para TODOS. Al principio, no se entiende bien el por qué, el cómo, el cuándo, ni el dónde. Cuesta discernir, un poquito, lo que uno siente con lo que realmente pasa afuera. Duele ver y sentir una realidad muy distinta a la de ayer. Te sentís culpable sin motivo alguno, te enojas porque no es lo que vos pediste ni lo querés para vos ni para todos los tuyos, sentís todo lo malo fusionado en una terrible bronca que no la para nadie, ni siquiera las explicaciones, ni el apoyo de la gente, de tus amigos, de los ajenos. Sin embargo, sigo insistiendo en que la causalidad una vez más se metió, pero para que las cosas, de ahora en más, mejoren de a poquito. A nadie le sirve estar en una incomodidad constante con otra persona, sabés? Y a eso, hay que saberlo mirar desde un punto entendible. Muchas cosas van a cambiar. No va a ser lo mismo un domingo, por ejemplo; pero son situaciones que nos presenta a nosotros, los más especiales; este entramado perfecto que es la vida, para hacernos reaccionar, para hacernos vivir, para hacernos crecer un poquito más que el resto y entender lo que a pocos nos toca. Si yo hablo, lo hago desde la experiencia, desde mis vivencias, desde lo que, a grandes rasgos, sé lo se siente. Te marca, si. Es imposible negarlo, pero hay marcas que, quizás en un futuro no muy lejano, te enorgullezcan al pensar que fuiste capaz de pasar por esto y, ¿por qué no ser feliz igual que los demás? .
Siempre se me pasó por la cabeza esa idea loca sobre las mocositas que se ponen "de novias" con pibes mucho más grandes que ellas. Personalmente, no tengo la más pálida idea de por qué pero, siguiendo lo que pensaba, llegué a comprender aunque sea solamente una mínima parte de todo eso. Histeriquean, saltan con celos por cualquier cosa o persona, se hacen las nenitas, tienen caprichitos típicos de su edad y, para ser más específica, son unas muñequitas más fáciles de manejar que las dichosas "Barbies". Sin embargo, ese no es el punto, sino que, como siempre, tiene que haber alguien o algo que te levanta los párpados y te hace ver lo que sos vos también. Si, como verán, entendí que, a pesar de mi edad, soy una nena más. Alguien grande que se perfila toda su vida a ser una mocosa más, caprichosa, celosa e histérica. Más grande que en otros tiempos, pero más chica que en los de ahora. Supongo que, algún día, las cosas van a a cambiar y van a ser tan diferentes de las de ahora que voy a terminar asustándome, pero es un riesgo por el que corrió toda la raza humana, prácticamente. Y, para terminar lo que tengo ganas decir, no puedo creer que lo haya dicho ya.
martes, 8 de febrero de 2011
sábado, 5 de febrero de 2011
Siempre odié todo lo referido a perforaciones, piercings, tatoos y demás. Paralelo a eso, toda la vida tuve aprehensión a todo eso, cuestión de impresión. En otros tiempos, hubiese jurado que nunca en la vida me haría nada de eso. Sin embargo, hoy estoy pensando seriamente en hacer que me hagan algo diminuto y discreto en el omóplato.
A veces, pretendemos irnos, mudarnos de casa, de ciudad, de planeta, de galaxia; sólo por el hecho de tener problemas. Al parecer, no se nos ocurre con frecuencia pensar que así nos vayamos de aquí, los problemas van a seguir estando. No se nos ocurre creer que, generalmente, nosotros somos el problema.
Dicen que el pasado ya fue, ya pasó. Es eso que, muchas veces, deja grandes huellas que perduran con cada día, semana y año que pasa; otras veces, se lo "olvida", se lo supera, se lo transforma en un mañana mejor. Dicen tantas cosas que, en su mayoría, se vuelven tan complicadas para el que tiene que poner la carne y vivirlas, que nadie se imaginaría eso.
Hay días, como hoy, en los que sentís que ese pasado que alguna vez te dejó una manchita de dolor, vuelve. Dudas, pensas y repensas las cosas como si ese pasado estuviese encarnado en el ahora. Sin embargo, entendes, sin negar absolutamente nada, que hay cosas que no van a cambiar, ni siquiera cuando las personas que accionaron "lo hayan hecho". ¿Cómo se puede confiar en alguien que, mucho o poco, fue una razón en el accionar de otro para que tu vida se complique tanto como consecuencia de eso? ¿De qué forma se perdona, se supera o "se suelta" algo así? ¿Con qué cara puede alguien mostrar amabilidad después de joderle la vida a esa persona? No me creo alguien superior para juzgar a las personas por cosas que eligieron erróneamente en otro tiempo, tampoco tengo Alzheimer para olvidar cómo y de qué forma me afectaron las consecuencias de esos errores; pero, soy consciente que hay cosas que etiquetan a uno por lo que fue e hizo y que, influyeron tanto en su momento que es imposible dejar pasar eso, más allá de que uno haya cambiado o no.
viernes, 4 de febrero de 2011
- No todo lo que se me ocurre poner aquí es bueno, correcto o cuerdo. No todo tiene mucha coherencia ni cohesión. No siempre sé qué hacer, cómo reaccionar ni qué escribir. Sin embargo, ésto es lo que soy. Lo que es casi imposible escuchar salir de mi boca o pensar que pienso. Es ésto y no hay más, sin vueltas que dar. Por ende, nadie está en la obligación de leer lo que no (debe) quiere. -
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